Punkora – Bombas de democracia

El penúltimo disco de Punkora  fue un notable avance de la banda, al saltar de los cassettes a los cds originales, al  acompañarlo con un excelente librito -al estilo de los clásicos anarcopunks españoles- sobre determinados temas relacionados con las letras de las canciones, y al mejorar sustantivamente las líricas de la banda… Sin embargo, No es un disco perfecto: la crítica sobre el sonido de la batería se hizo – y no sin razón-bastante generalizada , y aunque el último disco ha sabido superarla, me sigo quedando con éste, Bombas de democracia, porque el aprender haciendo es mucho más que un slogan unviersitario, es la gracia de la autogestión.

Debo admitir, que sin haber escuchado los antiguos caset de esta banda, este disco no significaría nada. Pero luego de escuchar los ratoneados “Nadie a los llamados”, “Stop yanqui”, y sobre todo “Adelante terroristas”, Bombas de democracia suena distinto, sabe mejor, se siente el cambio entre “los pacos son feos”  y “me cago en dios”, a temas como “Anticapitalista”, y sobre todo, “Movimiento”.

Parte el disco con el bailable “EEstamos UUndidos”, sobre el cual la afilada y aguda voz del volcal nos cuenta cuál es el precio de la democracia y la libertad cuando ésta viene importada desde el norte: muertos, sueños, pasividad; todo ésto en la ilustrativa metáfora que nos recuerda que esas bombas que caían en Afganistán, no eran bombas de terror, sino “bombas de democracia”, todo en nombre de la libertad. Luego, “Patrimonio” nos habla de cómo para hacer más bonita una postal hay que apalear a los perros y todo lo que viva en las calles, para alimentar “el ego de un idiota”, como ha ocurrido en Valparaíso.

Ahora, “Movimiento”, es un caso especial. Como ocurre raras veces con las bandas etiquetadas “punk”, los dardos se dirigen hacia ese dios, el movimiento anarcopunk. Punkora nos lo dice bien claro… “¡qué movimiento!”, si acá nada se mueve. Cuántas bandas nos han cantado ya del mcdonal., del rodeo, de la ocupa, del me quiero curar, y el discurso político no avanza. Mientras el punk sea lo que es: música, y no se le agreguen los calificativos de “político”, no hay de qué preocuparse. Pero cuando empezamos a ver al punk como “anarcopunk” la cosa cambia. Y Punkora nos recuerda aquí que “no olvidar o insistir no es lo mismo que repetir”, porque de así serlo, esto seguirá estancado y ya no sería un movimiento, y como dice irónicamente la banda al final “y cantamos tan horrible que ni eso estamos cambiando”. Pensamiento que se estanca pensamiento que se pudre, nos decían los del mayo francés. Lo mismo con la música, más aún cuando pretende ser la banda sonora de un movimiento político.

Luego se vienen temas como “Consumir” en el cual con un alegre rasgueo se trae sobre la mesa esa estúpida forma de vivir dirigida hacia consumir: ya no se le busca el sentido a la existencia, la historia no debe tener ninguna dirección, ya nadie quiere vivir la vida sino que, como dice la canción, “consumir es la cuestión”; “Los Pacos”, y aunque si bien es cierto ya es un tema bastante repetido en la escena y aún en la banda , suena gracioso al contarnos la estúpida anécdota de los pacos que salieron a apalear a sus esposas que salieron a marchar porque ni siquiera en sus casas la plata alcanza para nada; y así como los pacos se siguen otros temas “antiguos” pero recién grabados de la banda – y eso se nota en la madurez de la lírica – como “nunca no podrás cambiar” (y que en el libro del CD aparece con un interesante texto de Uzcategui titulado “Si Emma Goldman fuera anarcopunk”), y “lo que quiero”, aparte de otros más burlescos como “40 grados”, que hace una hermosa analogía de libertad como una piscina en donde todos y todas se puedan bañar, y no como una piscina populista creada para votos ganar.

Pero avanza la historia y Punkora canta ahora temas como “Anticapitalista”, con una interesante y provocativa lírica, llamante a no caer en los espejismos, en la idea del “100% consecuente”, del que se confiesa por tomar coca-cola, por tomarse un ron, o comerse un choripan, pero que sin embargo no se atreve a deslumbrar que ocurre más allá: lo que parte como una localización de un pensamiento global se convierte en una burbuja llamada “pureza personal”, y mientras tanto, nos hacemos dibujitos y nos reprimimos las ganas de tomar, el que manda ahí fuera, sigue mandando.

Otra interesante lírica se da en grandes y chicos, en el que se saca a la luz la no inocente paradoja de que se considera terrorismo el 11/09 de USA, y no el 11/09 en CHILE: lo que pasa, es que “las bombas solo explotan cuando van de abajo hacia arriba”.

Ya terminando, “Tomar las riendas” denota claramente la dirección de la banda: “hay que vivir la vida, que hay que tomar las riendas”. Vivir la vida, pareciera ser una idea matriz de varios temas punkorianos, como en “El mundo que queremos”, en el cual la banda afirma que “la vida es hermosa, si nos dejan vivirla”, y que para vivirla no basta con resistir: “llegó la hora de atacar”. Porque “ya no basta con cantar que el sistema es una mierda”, hay que ir molestando – como diría también Malgobierno – como moscas al sistema del dinero, “de a poco fabricando el mundo que queremos”. Y por último, “Rocanrol” sobre una rápida armonía, habla de una banda que nadie los pescaba pero que de pronto le ofrecen “ayuda” y ya está: cantando con contrato, y sin compromiso, con canciones en las novelas (nada más patético y humillante) y hasta en “comerciales de cloro” jaja. Como dice la canción, que se vallan a la mierda… prefiero la autogestión.

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