Chatarras – Subterráneo

Posted in Descargas, Hardcore on julio 9, 2009 by discosmalditos

Portada

Dejo el link para la descarga del disco de la banda hardcore punk de Puerto Montt “Chatarras”.

Aunque no es propiamente el punk que prefiero, el disco está lleno de enérgicos temas con el clásico sonido jarcor. Un disco bien logrado, con un sonido fuerte y limpio, que seguramente los amantes del hxc disfrutarán (ya estoy pensando en algunos.. jaja).

Pueden ver más sobre la banda en las siguientes dirreciones:

http://chatarras.bligoo.com

http://www.myspace.com/chatarras

Y el disco lo encuentran en :

www.punto3comunicaciones.cl/chatarras.zip

Saludos y felicitaciones a los cabros del grupo, ¡aguante el hxcpunk!, !agante la música independiente!.

Los discos de la memoria

Posted in Palabras on julio 9, 2009 by discosmalditos

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De un tiempo a esta parte he estado escuchando casi sólo música que solía esuchar años atrás, y que por uno u otro motivo ya no lo hago (o hacía) . Y es raro, es una experiencia extraña, y es que son formas de acercarse a los discos totalmente distintas: la del disco que esuchas por primera vez, la del que llevas esuchcando desde hace rato, y la del que esuchabas años atrás y que al volverlo esuchar te llena de recuerdos.Y ésto último es lo que más me llama la atención.

Es increíble como un disco antiguo y lleno de polvo, puede transportar a quien lo esucha a cuántos años atrás sea que solía hacerlo, y cómo puede cambiar en las distintas etapas de su vida la lectura e inteprpretación que pueda hacer de los mismos. Es como si fuera un viaje: la famosa máquina del viaje en el tiempo. Así, al escucharlos, aparecen situaciones, personas, sentimientos, pensamientos, miedos, preocupaciones, alegrías, todo lo que había en ese momento en el que elegimos como uno de los discos favoritos el que ahora estamos esuchando, ya la vez, recordamos por qué dejamos de hacerlo, y pensamos por qué ahor volvemos (¿eterno retorno?). Y para qué pensar cuando no son cuatro o cinco, sino cuarenta o cincuenta años que han pasado desde que se esuchaban esos discos: el viejito, el tango, la viejita y el suspirto “ahhh que tiempos aquéllos“.

Y quizás, lo más interesante de todo es la reflexión que se esconde en estas sesiones de “discos antiguos”, que parecen toda una ceremonia para la introspección.

¡Vaya uno a saber cuantas caras, cuantos sentidos, cuantas vidas tiene la música! Y eso que estamos hablando de la música de otros que unos esucha, y en los discos, sólo en los discos…

Discos

Posted in Palabras on junio 8, 2009 by discosmalditos

DISCOSM

“Sin música la vida sería un error.”

Friedrich Nietzche.

Como perros, como gatos, como el plumero de viejas estériles, como papagayos que saludan al volver a la casa. Como un perro que mueve la cola, te levantas tú, pequeña circunferencia cubierta de ruido, de risas, y atentados contra el olvido. ¡Cuántas historias albergas en tus entrañas!, pequeña redondela con ombligo. ¡Cuántas ideas!, unas bien firmes y otras viejas y ajadas; ¡de cuántas me has salvado!, cuántas veces me he vestido, cuántas veces ardiste en llamas sólo para calmar mi frío.

Y es que callas, eres ruido pero a la vez callas, porque no preguntas nada, no exiges nada, sólo das vueltas y en ti lo hace el mundo contigo, y tu ruido corre por mis venas como la voz por los cables del teléfono, como suero por las venas del enfermo.

Tan pequeño eres y en ti caben tantas cosas, en ti descansa mi madre, esa madre soltera a la que llaman Música.  Gran arquitectura microscópica, ordenación del espacio que vive bajo tu superficie; gran arquitectura que alberga a la arquitectura que organiza los tiempos, y les saca palabras, ruidos y bailes. Giras sobre la luz y haces que las ventanas se abran, como si fueras aire.

En ti vive tácitamente la historia del mundo, y con ella mi historia. Ordenas las cosas de una manera caótica, y haces que todo tenga un sonido. El amor, el olvido, la paz, la ansiedad, el odio, el rencor, el sinsentido; todo tiene un sonido. Todo es susceptible de subir a tu pista y bailar alrededor de tu ombligo. Todo tiene un baile. Todo tiene un sonido. Todo tiene un sentido.

Tal como los niños sentados en la escalera, repites todo lo que ves y todo lo que oyes: eres el eterno testigo del mundo, eres el testamento ambulante de ésto que pretendemos vida… En ti la mancha del espejo universal se hace visible, los gritos de niños hambrientos hacen audibles; y la pesada carga de la vida, de lo cotidiano y de la rutina, se hace sostenible.

Ismael Serrano – Principio de Incertidumbre

Posted in Trova on mayo 1, 2009 by discosmalditos

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“Ya ves, a veces me canso de ser hombre también, me agota escuchar que todo va bien, y ver tristes hombres mirando al sur, y no existir si no me miras tú…”

Éste es un disco que tiene un sinfín de conexiones con la memoria, sobre todo la que se ubica unos años atrás terminando el cuarto medio: la incertidumbre del futuro, el frío de invierno al tomar la micro, y la soledad en medio de la playa, entre otras cosas en medio de las cuales, la voz de Ismael parecía calmar un poco la ansiedad, quitar un poco el frío, mantener la confianza en los sueños.

Y es que lo conocí leyendo una entrevista suya en la tristemente desaparecida revista Rocinante, en la cual decía algo así como que en estos momentos, aunque a veces las cosas en lo ideológico no estaban del todo claro, la música era un espacio de encuentro en el que se permitía buscar la unión en la diferencia, que a través de ella muchas veces llegábamos a encontrar compañeros para nuestros caminos.

En ese momento empecé a escucharlo, y hasta el día de hoy lo hago, sobre todo en invierno, y me parece un artista íntimamente urbano. Creo que toda su estética se centra en tratar de darle vida a la vida en la ciudad, lo cual me parece una hermosa, difícil, y agradecida empresa… caminar por la calle escuchando en los audífonos a Ismael Serrano es una experiencia extraordinaria. Muchas veces se tiende a criticar a la ciudad por el solo hecho de ser ciudad, por alejarnos de los bosques, pero la mayoría de nosotros en ella vivimos, en ella transcurren nuestras vidas, y es nuestra tarea crear en ella una misticidad que valla más allá de los semáforos y el concreto. Creo que de ello se encarga Ismael Serrano, y esa es una de las cosas que de su música más me atrae: la capacidad que tiene de reconciliarme con la ciudad.

Principio de incertidumbre, es precisamente el primer disco que del él escuché, y hasta el momento sigue siendo mi favorito. Y es difícil que sea de otra forma, porque la selección de temas da en el clavo, porque el concepto del disco es interesantísimo, y porque la gracia de Ismael está precisamente en sus actuaciones en vivo, por las historias que cuenta entre canción y canción.

Es un disco doble, en vivo, con una veintena de temas, y que viene acompañado de un DVD que muestra el concierto completo, concierto en el cual el autor intenta demostrar que la música no existe si no es por quién la escucha, y que por el sólo hecho de escucharla, quien lo hace está interviniendo en ella. Al iniciar el concierto, luego de cantar la excelente “Últimamente”, Ismael cuenta que principio de incertidumbre es un principio matemático que intenta explicar que nada se puede predecir ni determinar con exactitud y que siempre hay un margen de indeterminación de las cosas, margen dentro del cual él cree que está la música.

En el concierto, acompaña al cantante una tremenda orquesta, que realiza unos buenísimos arreglos a cada una de sus canciones. Musicalmente, la obra y puesta en escena en este concierto es, por lo menos, brillante. Y en lo lírico, debo decir que las letras de Ismael siempre me han llamado la atención. Simples, crudas, honestas, a veces esperanzadoras, a veces no tanto… y es que “puede que todo siga igual, también puede que no sea así” tal como canta en el tema que lleva por nombre el del disco.

Como decía, la selección de temas es buenísima, un recorrido por lo más característico de su discografía: Papá cuéntame otra vez, Cien días, Vine del norte, Recuerdo, Una tierna y dulce historia de amor, Pájaros en la cabeza, La extraña pareja, Ya ves, y Vértigo, entre otras. Pero también incluye nuevas canciones, como Principio de Incertidumbre y Zona cero, dentro de las cuales destaco esta última. Antes de cantarla, Ismael cuenta que la idea de las canción es que, tal como diría Saramago, “hoy por hoy existen dos grandes superpotencias en el mundo: una es EEUU, la otra eres tú, la opinión pública…”, y ese el concepto de la canción, que creo se sitúa dentro de las mejores del autor.

Y de las canciones antiguas, llegado el momento de elegir, me quedo con Últimamente: “últimamente ando algo perdido, me han vencido viejos fantasmas, nuevas rutinas (…) y la vida me parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme”; con la excelentísima versión con la participación de Lichis (de la cabra Mecánica) del tema La extraña pareja: “brindemos por el amor y su fracaso, que el amor es eterno mientras dura…”; con la nostálgica Vine del norte: “por delante de La Moneda tú tarareaste a Jara,  me miraste asín tan duro, tienes un aire a Guevara”; la sobrecogedora Pájaros en la cabeza: “pájaros en la cabeza, y volar… a donde las ventanas siempre están abiertas”; la clásica Papá cuéntame otra vez: “queda lejos aquél mayo, queda lejos San Denís, qué lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquél parís. Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual, las hostias siguen cayendo sobre quién habla demás. Y siguen los mismos muertos, podridos de crueldad…”; y la espectacular versión de Ya ves: “así yo canto para recordar, que aún sigues a mi lado, que aún sueñas despierta porque así vencemos el cansancio…”. Demás está decir que hay otras tantas canciones que se escapan, como Kilómetro Cero, Aquella tarde, Déjate Convencer, Ahora, y etc etc, que si sigo, no termino nunca.

En fin, un disco sobrio, tremendamente orquestado, pero sencillo, encantador, esperanzador, tranquilizador, deslumbrante, y un muy buen resumen de la obra de Ismael Serrano.

Manuel García – Témpera (2ª parte)

Posted in Trova on abril 24, 2009 by discosmalditos

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… El tema de dios y el diablo aparece constantemente a lo largo de todo el disco (al igual que los animales). Así también en “Tarde”, por ejemplo, la voz termina mandando al diablo a esas tardes de los 70s, en que un escolar se abrazaba de la guitarra porque tiene miedo de la gente, en que un niño vive sufriendo en el patio, en que se oyen gallinas llorando y puertas y ventanas crujiendo; en fin, una recreación de la infancia en los 70 que me parece por lo menos, estremecedora, más aun en medio de esos graves acordes, y más aun, esa intencionada carraspera que se le escapa a García cuando canta “Tarde que te lleve el diablo”.

La excelente “Es bello es bueno” es algo más cercana musicalmente a lo que fue pánico, una mezcla de arpegio y rasgueo en la guitarra que resulta preciso para la lírica a la que acompaña, y unos acordes de esos saben crear esa sensación de tristeza y recogimiento propia de las canciones de García, y que sostienen a una de las letras más claras y crudas del disco: “Es bello, es bueno… tocar los labios y encontrar hielo (…) dejar que el dolor que nos entrega dios se haga cargo de todo”, una de esas necesarias para “matar la rabia como si al perro, dejar que el tiempo se vuelva espuma en nuestro cerebro, y mentir con detalle, sonreír con desprecio, maldecir por las calles e ir con todo el derecho rumiando cosas al cementerio, cosas mortales… rabia y veneno, pena y venenos”.  Esa parte, justamente esa parte en que la voz canta y canta “rabia y veneno, pena y venenos, rabia y venenos” crea un resumen de lo que es el canto de Manuel García, al igual que la imagen del que va maldiciendo por las calles hasta llegar al cementerio, rumiando penas, rabias y venenos (imagen esta última que me parece notable, fecundísima en interpretaciones…).

Pañuelí” es otra de las grandes canciones del disco, en donde hablan el amor, la infancia, la tristeza, en medio de arpegios y rasgueos en seis octavos que logran hacernos sentir la ironía en la voz cuando canta “la dulce patria”, esa dulce patria que no quiere sentir el niño en su pecho, cuando se va Septiembre y con él el pañuelito de esa niña destinataria de la canción. Claro, en vez de sumirse en la tristeza que provocan los diamantes que caen del cielo, mejor sacar el pañuelo y bailar, bailar y darse cuenta de que “todo puede volar”, al ritmo de la guitarra de Víctor Jara que en sueños le regaló esta canción al autor. Asimismo, las dos siguientes piezas huelen a un folclor revitalizante y rejuvenecido, como en “Los colores”. Aún recuerdo cuando, al escucharla por primera vez me sentí por que volvía a escuchar, ahora en sonido moderno, la guitarra de Violeta y el bombo de Zapicán, tocando una canción cuya letra perfectamente podría ir dedicada a ella. Una canción con un respiro muy folclórico, y esa habilidad que tiene la canción folclórica de hablar cosas tristes acompañándose de música alegre; cosas como que el  único amor posible y verdadero es el que es “rojo por siempre”, igual que los dolores del corazón.

Siguiendo con el mismo latido folcórico, en “Témpera” encontramos una canción excepcional, que para mí sencillamente es la mejor de García. Y es que en el rápido y crudo rasgueo que toca el ritmo de la cueca nortina sin apagar el sonido, se desgarra una voz que generalmente es muy suave, muy sutil, pero que ahora canta con esfuerzo, como intentando poder seguir cantando y no estallar en un sinfín de gritos, entonando una letra cargada de existencialismo, de amor y desesperación: “difícil tocar la guitarra si el papel mural se desprende por nada / difícil hacer el amor sin sentir que nos agarramos de una tabla / si la vida es como un naufragio que sea feliz el que pasa remando / que baile la virgen maría entre tanto, pero que baile con el diablo, para arrancarle los cristales a tus sentimientos que son mis gigantes, gigantes…”.

Por su parte, “Perderse” es un canción terrible, capaz de llevarte a la más profundas de las tristezas reflexivas, a través de finas y tristes armonías de guitarra y una letra que nos habla de que “Pusieron letreros pero yo no sé leer / Llego a los lugares sin saber cómo llegué, me digo a mí mismo por aquí yo ya pasé / Lo único que sé hacer bien es perderme, y lo único que debo hacer es quererte / Me pierdo en mí mismo y me pierdo en ti también, no sé como lo hago pero me sale también… perderte, y lo único que debo hacer es quererte”. Y cuado dice “quererte”, la guitarra se asusta y entran guitarras eléctricas y baterías, amortiguando un poco esa pesada tristeza que hasta el momento parecía ser la dueña de la letra, repitiendo “quererte, quererte, ah…”.

En la nostálgica “Las piedras”, voces livianas y alegres en medio de rítmicas guitarras, afirman una lírica bastante interesante, que trata de las piedras, como testigos eternos y silentes, pero que “en su silencio es como si hablaran”, de todo lo que pasa en esta tierra: “Las piedras están pensando en el pasado, dicen que el hombre era antes un árbol, que el pensamiento era tanto sólo un pájaro”. Me parece increíble e interesante cantarle a las piedras, creo que es algo difícil, a mí no se m habría ocurrido jamás cantarle a las piedras, menos con esas guitarras del final que parecen transportarnos un par de décadas más atrás.

Finalmente, el disco termina con “Cangrejo azul”, otra canción con olor a sal, que muestra una voz un poco más forzada de lo común en García y con una letra muy personal, llena de símbolos, metáforas que hacen que a ratos roce lo psicodélico, entre medio de una rasgueo fuerte, rápido y constante (visiblemente inspirado en la guitarra de Chinoy), que resulta la base ideal para la voz que hace música una letra en la que nuevamente aparece lo divino, mezclado con la sagrada rabia con que el mar rompe en las olas, y en medio de un desfile de laúdes, cangrejos, y personajes bíblicos, que terminan siendo el cierre final de un esperado, cálido, triste, alegre y rabioso disco.

Manuel García – Témpera (1ª parte)

Posted in Trova on abril 17, 2009 by discosmalditos

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Manuel García tiene la gracia de ser uno de los principales reconstructores del camino que une al citadino contemporáneo con la magia y la esperanza que significa detenerse a escuchar al hombre o a la mujer con su guitarra, camino hasta hace poco olvidado en este país que ha sido cuna y nicho de gigantes de la canción de autor como lo fueron Violeta Parra y Víctor Jara.

Para Manuel, quien ha dicho que “el folclor es de nadie y por eso es de todos”, no hay tapujos en mezclar el pop, el rock y el folclor. Tampoco tiene necesidad de engrosar su voz para hacer sentir la profunda masculinidad que hay en su música.

Después de escuchar, allá por el 2005 su primer disco (“Pánico”), quedé a la espera constante del segundo. Cuando por fin apareció y lo escuché, quedé gratamente sorprendido, ya que a pesar de pensaba que me encontraría con un “Pánico II”, me encontré con un disco totalmente diferente, con más rabia, mucha más personalidad, , letras mucho más depuradas, ciertos recursos vocales no utilizados en su primer disco y un folclore mucho más vivo.

Y es que “Témpera” es un disco excelente, desde todos los puntos de vista (salvo el precio). De partida, el nombre parece evocar varias cosas: una, la infancia, y es que ¿hay alguien acaso que no recuerde sus días de niños con los dedos y la ropa manchada con témpera? Asimismo, varias canciones del disco parecen corroborarlo: “Nadie más que el sol”, “Ninguna calle”, “La gran capital”, “Tarde”, “Pañuelí”, y “Los colores”, que de una u otra forma hablan de la infancia. Y la otra -como más tarde parece explicar la misma canción homónima-, la fragilidad y fugacidad de la vida, ésa en la que “la sangre que va al corazón es témpera roja que endurece el tiempo”.

Por otra parte, la factura del disco es impecable, tanto en la portada como en la contraportada, en las que aparece el autor detrás del clavijero, con un ojo adentro y otro afuera, primero ambos abiertos, luego sólo el que va dentro de la guitarra, lo cual me parece una hermosa metáfora; también en los dibujos interiores; y, desde luego, el librillo del disco, que viene con la lírica escrita de puño y letra del autor (no hay como leer poesía del puño y letra del escritor, no hay como escuchar al cantor en vivo y en directo). Siempre se agradece el trabajo de hacer arte hasta con la caja del disco, sobre todo en estos tiempos en que pareciera no haber diferencia entre un disco original y una carpeta en el teléfono celular

Las canciones que agrupa el disco me parecen  un buen conjunto, y logran generar esa misma atmósfera de unidad presente en “Pánico”. El disco parte en “Nadie más que el sol”, con una entrada que ya se hace familiar en García, para continuar con unos sutiles arreglos en guitarra, que parecieran sostener en el aire frases como fuimos niños jugando a enterrar y desenterrar un corazón”, que entretejen una historia de amor, complicidad y niñez. En “Barcos de cristal” se nota una madurez tremenda en lo compositivo, mientras que en lo lírico se asoma una letra personal y abundante en situaciones y personajes ya conocidos de la lírica de García, como lo son la noche, el viento, el mar, los barcos… todo lo cual pareciera ser parte de esa eterna reminiscencia de lo marino que se adhiere irremediablemente a la piel de quien nace en una ciudad con salida al mar.

Y es que Manuel García es un provinciano, y a eso mismo le dedica uno de los mejores temas del disco: “La gran capital”, una canción que habla de una historia personal, pero multiplicada por todas aquéllas personas que naciendo en provincia, terminan viviendo en Santiago de Chile, ciudad que cuenta ya varias canciones hechas a su nombre. Esta canción musicalmente es un poco extraña -con respecto al trabajo anterior del autor-, pero de una extrañeza  refrescante, relajante, impresionante… con un aire a Jazz guachaca que le viene muy bien, y que le da ese carácter alegre que no es fácil encontrar en las composiciones de García. Y en lo lírico, lo que ya venía hablando: “Me cantaban las gallinas en el metro, que allá en mi población la noche es un poema (…) Cuando era niño jugué a la gran capital, y ahora en serio y con los dados del destino voy avanzando los cuadritos del camino en la ciudad”, junto con una atinada geografía cotidiana: “Mi sombra apunta hacia el Mapocho y mis zapatos dan con la prisa en la micro, en el peldaño, y en las esquinas con los ojos voy tomando fotografías (…) El diablo incendia las ventanas al poniente, y en el oriente una monja es la cordillera”.

Luego, “Ninguna calle” parece también compartir esta atmósfera de rara alegría, con una letra que más que poesía parece una pintura (por su fecundidad en interpretaciones) y un discurso musical que se desliza sobre un ritmo suave y atractivo, en medio de armonías precisas como para salir cantando a la calle sonriendo y con orgullo que “ninguna calle va a llevar tu nombre, los muros serán del futuro”, sea que le estemos cantando a un amigo, a una mujer, o algún dictador, que haya querido archivarnos “con un alfiler como al hombre de Nazareth”.

En el tema “Canción y plegaria” (grabado  en vivo en el teatro de la Universidad de Concepción) aparecen acompañando a la guitarra oboes, violines, violas, cellos y contrabajos, bajo la dirección de Javier Bustos, con unos arreglos que si bien a veces descolocan por estar en medio de un disco solista, no por eso incomodan ni resultan poco atractivo, sino todo lo contrario: crean un ambiente musical en que pareciera uno llegar a ver danzar a una bailarina, mientras la voz de García nos cuenta que “la muerte tañe en la guitarra una antigua melodía”, que se le incendia la guitarra, y que “El diablo bebe de la luna y juega al naipe mientras fuma”…

Las fronteras de la música

Posted in Palabras on abril 10, 2009 by discosmalditos

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No prentendo hacer pasar ésto por algún seudoensayo de musicología ni mucho menos, sino simplemente realizar a modo de introducción de las nuevas reseñas que he escrito, una pequeña reflexión acerca de la música y las -muchas veces inconciente, y otras tantas no- innumerables divisiones en las que la encasillamos. Y es que ocurre, nos acostumbramos a escuchar sólo cierto espectro de formas musicales, más concreto aún, ciertos estilos de música, y a menospreciar, o por lo menos ignorar, los demás.

Y ésto se da en variados niveles: desde la música docta y la academia, hasta la música popular. El punk no escucha folclore, el folclorista no escucha punk, el músico de academia no esucha música popular, el músico popular no escucha música de academia, al que le gusta bailar no esucha música que no sea bailable, y al que no le gusta bailar no esuchca música bailable, y así sucesiva y eternamente.

Sin embargo, tal como una vez leí por ahí, las fronteras de la música son tan inútiles, tan innecesarias, tan dañinas, y tan imbéciles como las de los países…

Es con estas reflexiones con que quería empezar a hablar de otros discos, de otros estilos, como la trova y el folclor más que nada; porque -siguiendo con la metáfora de los países- así como el contínuo viajero enriquece su cultura a través de los mútiples contactos que tiene con sociedades distintas, el músico, el melómano, enriquece su cultura y su oído a través de la expansión de su propio espectro musical; mucho más aún, cuando además de escuchar, a uno le gusta crear.

Y es así como, hace ya unos cuantos años atrás, me embarqué -sin dejar de llevar en mi equipaje  mi querido rock basura que hasta el día de hoy me acompaña- en un viaje por otras latitudes musicales, y pasaron a habitar mi fonoteca discos de Ismael Serrano, Silvio Rodriguez, Manuel García, J.M. Serrat, Mauricio Redolés, Victor Jara, Violeta Parra, Inti Illimani, Quilapayún, The Beatles, Pink Floyd, Bob Marley, Bob Dylan, y otros tantos más.

Lógicamente, uno siempre conserva sus gustos, y las razones de los mismos. Es así como, por ejemplo, de toda la nueva música que empecé a escuchar, me quedo sobre todo con la trova y el folclor.  Con la trova por su innata poesía, por el amor a la guitarra, por la visión de la música como compañera y como diario de vida, por su excelente forma de acercarla a lo cotidiano de la vida. Y al folclor, por toscas y humildes armonías, por su afinidad con el punk en cuanto a lo instintivo e intuitivo que resulta ejecutarlo, por esa grandiosa forma de acercar la historia al hombre y la mujer del presente urbano, pero sobre todo, por la poderosa arma que no entrega a los pueblos para proteger nuestra cultura frente al avance apocalíptico y desmedido de la globalización. Y es que es eso lo que a mí me gusta de la música, no otra cosa: la hermosa forma que nos ofrece para combatir la desgraciadamente cotidiana e histórica injusticia del sistema.

Hay quien reniega y despotrica en contra de la música política. Por el contrario, yo la admiro y necesito de la misma. Y cuando hablo de la música política, no hablo de política en el sentido de partidista ni mucho menos, sino en el sentido de música que invita a pensar, música que invita a sentir de una manera de la que que sigilosa y silenciosamente nos tratan de separar. Porque la creación artística es de por sí un acto rebelde: un acto del que , descontento con lo que existe, necesita crear algo nuevo, porque con lo existente no le basta para vivir como quiere vivir, y lo hace, crea, contruye, no se queda de brazos cruzdos. Y qué más hermoso, que cuando eso se hace con sonidos.