Manuel García – Témpera (1ª parte)

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Manuel García tiene la gracia de ser uno de los principales reconstructores del camino que une al citadino contemporáneo con la magia y la esperanza que significa detenerse a escuchar al hombre o a la mujer con su guitarra, camino hasta hace poco olvidado en este país que ha sido cuna y nicho de gigantes de la canción de autor como lo fueron Violeta Parra y Víctor Jara.

Para Manuel, quien ha dicho que “el folclor es de nadie y por eso es de todos”, no hay tapujos en mezclar el pop, el rock y el folclor. Tampoco tiene necesidad de engrosar su voz para hacer sentir la profunda masculinidad que hay en su música.

Después de escuchar, allá por el 2005 su primer disco (“Pánico”), quedé a la espera constante del segundo. Cuando por fin apareció y lo escuché, quedé gratamente sorprendido, ya que a pesar de pensaba que me encontraría con un “Pánico II”, me encontré con un disco totalmente diferente, con más rabia, mucha más personalidad, , letras mucho más depuradas, ciertos recursos vocales no utilizados en su primer disco y un folclore mucho más vivo.

Y es que “Témpera” es un disco excelente, desde todos los puntos de vista (salvo el precio). De partida, el nombre parece evocar varias cosas: una, la infancia, y es que ¿hay alguien acaso que no recuerde sus días de niños con los dedos y la ropa manchada con témpera? Asimismo, varias canciones del disco parecen corroborarlo: “Nadie más que el sol”, “Ninguna calle”, “La gran capital”, “Tarde”, “Pañuelí”, y “Los colores”, que de una u otra forma hablan de la infancia. Y la otra -como más tarde parece explicar la misma canción homónima-, la fragilidad y fugacidad de la vida, ésa en la que “la sangre que va al corazón es témpera roja que endurece el tiempo”.

Por otra parte, la factura del disco es impecable, tanto en la portada como en la contraportada, en las que aparece el autor detrás del clavijero, con un ojo adentro y otro afuera, primero ambos abiertos, luego sólo el que va dentro de la guitarra, lo cual me parece una hermosa metáfora; también en los dibujos interiores; y, desde luego, el librillo del disco, que viene con la lírica escrita de puño y letra del autor (no hay como leer poesía del puño y letra del escritor, no hay como escuchar al cantor en vivo y en directo). Siempre se agradece el trabajo de hacer arte hasta con la caja del disco, sobre todo en estos tiempos en que pareciera no haber diferencia entre un disco original y una carpeta en el teléfono celular

Las canciones que agrupa el disco me parecen  un buen conjunto, y logran generar esa misma atmósfera de unidad presente en “Pánico”. El disco parte en “Nadie más que el sol”, con una entrada que ya se hace familiar en García, para continuar con unos sutiles arreglos en guitarra, que parecieran sostener en el aire frases como fuimos niños jugando a enterrar y desenterrar un corazón”, que entretejen una historia de amor, complicidad y niñez. En “Barcos de cristal” se nota una madurez tremenda en lo compositivo, mientras que en lo lírico se asoma una letra personal y abundante en situaciones y personajes ya conocidos de la lírica de García, como lo son la noche, el viento, el mar, los barcos… todo lo cual pareciera ser parte de esa eterna reminiscencia de lo marino que se adhiere irremediablemente a la piel de quien nace en una ciudad con salida al mar.

Y es que Manuel García es un provinciano, y a eso mismo le dedica uno de los mejores temas del disco: “La gran capital”, una canción que habla de una historia personal, pero multiplicada por todas aquéllas personas que naciendo en provincia, terminan viviendo en Santiago de Chile, ciudad que cuenta ya varias canciones hechas a su nombre. Esta canción musicalmente es un poco extraña -con respecto al trabajo anterior del autor-, pero de una extrañeza  refrescante, relajante, impresionante… con un aire a Jazz guachaca que le viene muy bien, y que le da ese carácter alegre que no es fácil encontrar en las composiciones de García. Y en lo lírico, lo que ya venía hablando: “Me cantaban las gallinas en el metro, que allá en mi población la noche es un poema (…) Cuando era niño jugué a la gran capital, y ahora en serio y con los dados del destino voy avanzando los cuadritos del camino en la ciudad”, junto con una atinada geografía cotidiana: “Mi sombra apunta hacia el Mapocho y mis zapatos dan con la prisa en la micro, en el peldaño, y en las esquinas con los ojos voy tomando fotografías (…) El diablo incendia las ventanas al poniente, y en el oriente una monja es la cordillera”.

Luego, “Ninguna calle” parece también compartir esta atmósfera de rara alegría, con una letra que más que poesía parece una pintura (por su fecundidad en interpretaciones) y un discurso musical que se desliza sobre un ritmo suave y atractivo, en medio de armonías precisas como para salir cantando a la calle sonriendo y con orgullo que “ninguna calle va a llevar tu nombre, los muros serán del futuro”, sea que le estemos cantando a un amigo, a una mujer, o algún dictador, que haya querido archivarnos “con un alfiler como al hombre de Nazareth”.

En el tema “Canción y plegaria” (grabado  en vivo en el teatro de la Universidad de Concepción) aparecen acompañando a la guitarra oboes, violines, violas, cellos y contrabajos, bajo la dirección de Javier Bustos, con unos arreglos que si bien a veces descolocan por estar en medio de un disco solista, no por eso incomodan ni resultan poco atractivo, sino todo lo contrario: crean un ambiente musical en que pareciera uno llegar a ver danzar a una bailarina, mientras la voz de García nos cuenta que “la muerte tañe en la guitarra una antigua melodía”, que se le incendia la guitarra, y que “El diablo bebe de la luna y juega al naipe mientras fuma”…

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2 comentarios to “Manuel García – Témpera (1ª parte)”

  1. wena critica compadre … garcia hace rato que merece el escenario que esta ganando poco a poco… yo no era de estos gusto, que sin menospreciar no todos escuchan …
    ojala que siga como va y que sea reconocido a nivel nacional, que a veces es mas difícil que serlo afuera.

    saludos

  2. Manuel garcia te hace despegar aunque sea momentaneamente de la frecuencia normal de la vida…..

    Buena critica

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